Cuando acudir a un coach
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¿Cuándo pedir ayuda a un coach? 7 situaciones en las que puede ayudarte a avanzar hacia tus metas

Marta Quintana

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¿Cuándo pedir ayuda a un coach? 7 situaciones en las que puede ayudarte a avanzar hacia tus metas

Te sientes bloqueado.

Hay una situación en tu vida profesional que siempre se te presenta y siempre terminas bloqueado, mosqueado o con una sensación agridulce.

¿Qué está ocurriendo?

Algo dentro de ti te impide ‘superar ese reto’.

De hecho, has intentado mediante formaciones, trabajo con mentores, libros… buscar una solución pero siempre terminas en el mismo punto de partida. Sin poder avanzar.

¿Te ves reflejado en esta descripción?

Lo sé, llega un momento en que sentirse así genera mucha incomodidad, frustración e incluso desconfianza hacia uno mismo. 

Y… ¿sabes? En esta situación lo más probable es que necesites acudir a un coach.

¿Por qué?

Porque un coach es un profesional que se va a encargar de hacerte ver aquello que no has estado teniendo en cuenta; te va a acompañar para que descubras cuáles son tus mecanismos internos que hoy te están manteniendo en esa dinámica incómoda.

Un coach te acompañará durante cada sesión para que por ti mismo seas capaz de descubrir una salida a tu situación, una salida que sea factible, responsable y respetuosa contigo y tu entorno.

Y mi propósito con este artículo es ayudarte a averiguar si es así.

Por eso aquí voy a explicarte cuándo puedes plantearte pedir ayuda a un coach y cómo puede ayudarte específicamente, para que valores si es lo que necesitas en este momento.

Vamos allá.

Cuándo pedir ayuda a un coach en líneas generales

En esencia, un coach es un profesional que te acompaña en aquellos procesos donde no consigues avanzar, porque una y otra vez te topas con las mismas dificultades.

Por ejemplo: 

  • Un miedo paralizante que surge ante una tarea concreta (como hablar en público).
  • Una relación personal y/o laboral que sientes que no estás gestionando de forma adecuada, y eso te está generando malestar.
  • Un excesivo perfeccionismo que te tiene atascado.
  • La idea de que no eres suficiente, de que no tienes los títulos necesarios, de que te van a criticar… se repite una y otra vez en tu cabeza y te frena.
  • Una constante procrastinación.
  • La dificultad para darte tu lugar como líder y gestionar el equipo.

La diferencia con un mentor o un consultor, por ejemplo, es que un coach (al menos uno que sigue la metodología del coaching ecointegrativo) no te dice qué debes hacer para resolver tus dificultades, sino que te ayuda a encontrar tus propias respuestas.

Respuestas que te inviten a descubrir tus mecanismos internos y a flexibilizarlos, para así caminar hacia tus objetivos de una forma coherente y amable contigo. 

7 bloqueos frecuentes que puedes trabajar con la ayuda de un coach

Dentro del coaching hay diferentes ramas y enfoques. 

En mi caso, por ejemplo, trabajo desde la perspectiva del coaching ecointegrativo, sobre el que ya te he hablado en este otro artículo. 

Pero ahora voy a explicarte cómo puedo ayudarte, como coach, a encontrar una salida en aquellos aspectos donde quizá estés atascado en este momento.

1. Tu perfeccionismo te bloquea

El perfeccionismo se puede manifestar en tu vida de diferentes maneras.

Quizá:

  • Tienes un proyecto entre manos pero nunca está lo bastante bien como para sacarlo a la luz. 
  • Te castigas con mucha severidad ante cualquier error.
  • Te da miedo no encontrar las palabras correctas en una conversación, así que muchas veces prefieres callarte tu punto de vista. 
  • Te cargas de tareas porque ‘los demás no sabrán hacerlo como tú’ y al final terminas exhausto y en ‘burn out’.

Lo que se esconde detrás de estas situaciones es una alta autoexigencia, mezclada con el miedo a equivocarte y a ser juzgado. Pero el mayor juez aquí no viene de fuera en realidad, sino que eres tú mismo, juzgando cada paso que das.

Y eso, es importante trabajarlo para que puedas comenzar a sentirte más libre de esa exigencia y realizar tu trabajo (y llevar tu vida) con muchísima más calma.

2. Sufres un miedo paralizante

Todos le tenemos miedo a algo. El miedo forma parte del ser humano.

Puede ser:

  • A que nos juzguen.
  • A equivocarnos.
  • A una tarea concreta (grabarnos, realizar una ponencia, etc.).
  • Incluso a tener éxito (sí, el miedo al éxito existe y es más común de lo que parece).

El problema viene cuando ese temor se vuelve tan fuerte que te paraliza.

Esto acostumbra a ocurrir porque arrastras una herida emocional por alguna situación que viviste en el pasado y que acarreas todavía a día de hoy. Por ejemplo:

  • De niño y durante tu adolescencia tuviste problemas por dar tu opinión (se metieron contigo, emitieron algún juicio…), hasta el punto de que en algunos casos llegaste a sentirte aislado del grupo.
  • Eso te llevó a ser reservado y guardarte tus juicios.
  • Con el tiempo acabaste siendo una persona tímida a la que no le gusta llamar la atención.
  • Ahora esa herida emocional se manifiesta en forma de inseguridad cuando tienes que hablar en público o expresar tu punto de vista (en una reunión de trabajo, en una ponencia, etc.).

En tu infancia asumiste como verdad la creencia de “dar mi opinión es malo”. Esa creencia tuvo su papel en un momento de tu vida, pero ahora ya no. Y para trabajar ese miedo, es necesario trabajar esa herida de la infancia para flexibilizarla y redimensionarla.

Para que sepas cómo funciona… En el coaching recorremos este camino al revés.

A partir de tu miedo actual, vamos indagando hasta encontrar la raíz de tus inseguridades y trabajar sobre ellas.

Aunque quiero recalcar que no siempre es necesario irnos al pasado.

Ten esto muy en cuenta:

Tu “yo” adulto puede perfectamente encontrar la manera de resignificar esa creencia sin necesidad de ir al pasado.

Eso te lo digo porque me llegan clientes que están anclados a la idea de si no soy capaz de encontrar ‘eso’ que me ocurrió en el pasado, nunca podré salir de esta situación.

Y eso es mentira.

3. Sabes adónde quieres llegar, pero no avanzas hacia tu objetivo

Por mucho que hagas, sientes que siempre estás en el mismo sitio (como si caminaras sobre una cinta de correr).

A veces esto es señal de falta de foco, de propósito, de sentido…

Te has dejado llevar por la inercia diaria, tus costumbres y hábitos adquiridos… Y todo en su conjunto al final te ha llevado a estancarte. 

¿Qué puede estar ocurriendo en ti ahora?

Que es probable que te sientas vacío, perdido, incluso puedes estar preguntándote: “¿Quién soy?” y “¿Qué me gusta realmente?”. 

Puedes tener una sensación de que no te conoces (y en cierto modo es real).

4. Te cuesta mucho tomar una decisión

Quizá tienes claro lo que debes hacer para avanzar hacia tu objetivo, pero algo te frena a la hora de dar el paso.

A menudo esa indecisión proviene del miedo (otra vez el miedo), porque sabes que tomar “esa” decisión te obligará a sacrificar parte de tu identidad.

O incluso aparece el miedo al error. “¿Habrá una opción mejor que la otra? ¡No quiero equivocarme!”.

Por ejemplo: llevas tiempo en un trabajo por cuenta ajena y ahora te planteas cambiar de empresa. El cambio te genera incertidumbre (“¿Qué pasará en ese nuevo puesto, me adaptaré bien?”)… pero no es solo eso.

Además es normal que, de algún modo, tengas asociado tu actual trabajo y todo lo que conlleva (tu estatus, tu rutina, las relaciones con tus compañeros, etc.) con tu identidad.

Al cambiar de empresa estás renunciando a una parte de ti. Y sin darte cuenta, eso te frena.

Dentro del coaching trabajamos esos miedos, esa incertidumbre, que aparecen a la hora de tomar decisiones (y también el duelo, en el caso de que estés dejando un trabajo o que esa decisión conlleve de algún modo una cierta modificación de quién eres y cómo te mueves por la vida)

5. Has perdido el equilibrio entre tu vida personal y profesional

A veces lo que ocurre es que un área de tu vida se desborda (por ejemplo, tu negocio crece más rápido de lo que esperabas y acabas trabajando más horas al día de las previstas), y careces de las herramientas adecuadas para adaptarte a ese cambio.

Pero otras veces el problema reside en tu propia interpretación.

Tratas de ajustarte a una definición de equilibrio que está socialmente aceptada, pero que no es la tuya.

En estos casos necesitas trabajar la aceptación y autocompasión hacia ti mismo (porque las cosas no ocurren como nosotros queremos, a veces simplemente suceden) así como encontrar qué es para ti el equilibrio y cómo puedes acompañarte a acercarte a ese punto.             

6. Procrastinas constantemente (y eso te dificulta avanzar)

Muchas veces la procrastinación no es falta de fuerza de voluntad, sino que hay algo dentro de ti que te impide dar ese paso. 

A veces es una herida emocional, otras puede ser una creencia demasiado rígida… 

Por ejemplo: 

En tu casa hablaban mal del dinero, y tú en tu subconsciente asociaste el tener dinero con algo negativo.

Ahora que tienes un negocio propio, sin darte cuenta temes tener muchos clientes y ganar dinero, porque sientes que eso te haría separarte de tu familia. 

Obviamente de esto ni te has dado cuenta de una manera tan clara y específica, solo sabes que deseas más clientes pero… no estás haciendo nada para tenerlos. De aquí ese procrastinar y esa incomodidad contigo mismo.

Por eso tu mente te lleva a procrastinar (como una conducta de autosabotaje que pretende protegerte de ese “peligro”).

Esto es lo que en coaching llamamos “lealtades invisibles”.

7. Has hecho todo lo que se supone que debía hacer… pero ahora te sientes perdido

Quizá estabas persiguiendo un concepto de éxito que en realidad no encajaba con la persona que eres, y ahora que la has alcanzado no sabes qué hacer.

Cuando ocurre esto te preguntas: “¿Quién soy? ¿Qué quiero realmente?”. 

Dudas de tu propia identidad, de tus preferencias y necesidades.

Aquí es donde un coach puede ayudarte a reconectar contigo y a que descubras cuáles serían para ti unas metas que tengan sentido y coherencia.     

¿Y si solo sé que no logro avanzar hacia mis objetivos, pero no el motivo?

En realidad esta es la situación más común.

Sientes que hay algo dentro de ti que no te deja avanzar, pero no eres capaz de identificar el qué (si es una creencia limitante, un miedo, un diálogo interno tóxico…).

Además, a veces ese bloqueo tiene raíces mucho más profundas de lo que crees; como una cebolla, tiene capas y capas (la psique humana es muy compleja).

Por eso es importante trabajarlos con un coach, psicólogo o terapeuta.

 Si crees que ha llegado el momento de trabajar en tus bloqueos y quieres hacerlo de la mano de un coach, yo puedo acompañarte.

Solo tienes que entrar aquí y reservar una reunión gratuita conmigo.

En la reunión valoraremos tu caso y veremos si soy la persona adecuada para ayudarte.

Tanto si decides contactar conmigo como buscar otro camino para resolver tus bloqueos, te animo a hacerlo siempre conSentido.

Con cariño,

Marta Q.

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